Era sábado y desperté a las 6:30 a.m. a pesar de haberme dormido tres horas antes por hacer las maletas. Lo primero que hice fue tomar el celular y buscar el código de eso que estaba esperando, internet me dijo que el paquete había sido entregado el día anterior y me asusté pensando en que quizá cayó en manos equivocadas. Salté de la cama, me duché, me vestí lo más rápido que pude y llegué a la recepción del hotel a preguntar por mi paquete. Cuando me dijeron que sí, que había llegado el día anterior pero que no habían podido subirlo al cuarto, tuve que contenerme para no saltar de alegría. Me entregaron la caja y corrí al cuarto para abrirlo, rompí como pude las envolturas y lo vi. Estaba en su caja especial, ese tipo de caja que antes me esperaba cada fin de semana, y cuando lo vi ahí como frágil por no tener todas sus partes, tuve que contener las lágrimas de alegría. Siempre he pensado que las cosas buenas que me han pasado han tenido que ver más con mi suerte que con una recompens...