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Mostrando las entradas etiquetadas como reflexiones

Y si escribo

Hoy, en un insomnio de madrugada y entre pensamientos random que me alejaban del sueño, me puse a pensar qué sería lo siguiente que escribiría en este espacio y de tanto dar vueltas en mi cama terminé pensando en lo que se había convertido este espacio para mí. Al inicio creí que solo iba a ser una extensión de mi fotolog, un lugar que donde desfogarme después de un mal día o contar las cosas buenas de la semana, escribir sin ilación, frases sin terminar, cosas que salían de mi cabeza como un chorro sin control y que no me preocupaba en acomodar. Pero sin querer este lugar se convirtió en algo más, intento ser más coherente e incluso he logrado crear algunas cosas en las últimas entradas. Pasé de narrar cosas que me pasan a involucrarme en historias que no son mías del todo, incluso a adaptarme a sentimientos que otros pensaron que tenía. En cada una de las entradas intenté plasmar lo que aprendí experimentando emociones nuevas, las combiné con historias tomadas de aquí y allá y...

Ella

Tú no te vas a esconder porque no es tu estilo Dejarás que los días pasen y que la rutina te absorba Abrirás un libro y entonces te alcanzará Te alcanzará en el café de las mañanas y en la pantalla del ordenador Cuando te sumerjas en música te arañará la cara y la sentirás trepar No te vas a resistir, porque ese no es tu estilo Yo me esconderé, detrás de un abrazo y una caricia Me esconderé en los libros y la música Pasaré  horas en tareas repetitivas para que no me alcance Pasearé, reiré y me divertiré torpemente Me sepultaré en días de trabajo  y tardes con amigos Me ocultaré porque eso he hecho siempre Pero estará ahí, nos alcanzará repentinamente Te encontrará esperándola y a mí escondida detrás de la preocupación de turno Tú le sonreirás y la abrazarás como a una vieja amiga Yo le reprocharé su mal gusto a la hora de escoger sus visitas Ella se reirá en mi cara, me dirá que yo la invité, que dejé la puerta entreabierta para que entrara Y...

Mi Lista Feliz

Tomo una galleta "Casino" de menta, la abro, con mi lengua quito toda la crema de menta, trozo cada tapita de galleta en pequeños pedacitos que voy poniendo en mi tacita celeste y luego como pedacito por pedacito. Hago lo mismo con las otras 4 galletas del paquete, así duran más. Tengo 4 años y aún vivo en casa de mi Avita. Leo una revista o un libro echada en el sillón de la sala, mi gato está durmiendo en mi barriga y ronronea haciéndome cosquillas. Tengo 5 años. Los sillones de la abuela siempre fueron muy cómodos y mi barriga siempre fue el sitio preferido de Puski. Mamá dobla la ropa y de fondo la radio, Ritmo Romántica, ella tararea y es tan bueno verla tranquila. La Avita y mamá hacen tamales los sábados en la noche, yo me siento entre las dos e intento ayudar, sus conversaciones parecen de una sabiduría infinita. Tengo entre 4 y 5 años.  Alisto un block de hojas blancas, plumones y un lápiz. Voy al parque, me recuesto en una banca y empiezo a observar. Te enc...

La Avita

Ella llego dejó Cajamarca a los 11 años y se vino a Lima "por un mejor futuro". Cuando imagino a una niña de 11 años viajando sola a una ciudad que no conocía, una ciudad sin la inocencia del campo, sin papá y mamá; se me escarapela el cuerpo. Ella era un niña de 11 años diferente a la niña que yo fui, a su edad ya se había encargado del ganado y de sus hermanos, sabía levantarse temprano a ayudar en casa, había madurado en cierta manera y lo que le esperaba la haría madurar mucho más. A casi cumplir 17 años llegó su primer hijo. Las cosas iban bien, tenía una chozita donde dormir, un trabajo y una pareja que la apoyaba. Se compró su primera máquina de coser y fue feliz  cosiendo como lo sería siempre que la veo hacerlo. Después de unos años las cosas dejaron de ir bien, la persona que se suponía era su compañero se despidió de ella y sus dos hijos. Ella pensó en muchas cosas, se sintió sola, creyó que sería difícil recomenzar, pero tenía dos niños que dependían de su fuerza...

Hace falta...

Hace falta ser fuego y quemar las entrañas con ira devoradora Hace falta ser agua e inundar los ojos de aquel al que se le quiebra la garganta Hace falta ser miserable sufrimiento que clava las uñas en la carne del rostro, que funda la sonrisa con ojos lastimeros, que dificulte la respiración con un nudo en la garganta. Hace falta revolcarse de aquello que logró traspasar nuestra armadura de orgullo. Revolcarse hasta sorber la última gota de sustancia tóxica y sentirse como un árbol pudriéndose por dentro por la excesiva humedad y los hongos. Hace falta ser llanto y baba y gritos y manos crispadas y rodillas flaqueando Hace falta lanzarse a la arena de los gladiadores y aceptar ser maltratado y asesinado Y al final hace falta ser ave fénix para renacer de las cenizas. Ser la nueva sonrisa de un rostro radiante y los ojos profundos de un hombre cansado pero nunca derrotado. A.M

Rituales

Despiertas, pero siempre se necesitan cinco minutos más, o diez o quince para levantarte. Esperar la mordida desesperada de tu perro avisándote que ya todos despertaron en casa y que tú ya deberías hacerlo también. Ver el celular, siempre escondido debajo de la almohada, y asegurarnos de no levantarnos demasiado temprano y caer en cuenta la mayoría de las veces que realmente ya es demasiado tarde. Desnudarte y ver la ducha con vacilación, siempre dudar, dudar como si estuvieras a punto de saltar un abismo (¿es tarde? Hay que apurarse) .. y entonces respirar profundo y entrar en el chaparrón, refrescarte si es verano o congelarte si es invierno (casi nunca calentamos el agua, no tenemos ducha con agua caliente). Pensar mientras te hechas champú en el cabello, conversar con aquellos amigos que no tenemos cerca mentalmente, revivir un episodio de tu adolescencia mientras te pasas la esponja con jabón, reírte de seguir recordando todo con tanto detalle, inventarle finales alternativos a t...