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Sin despedidas

Ella lo observaba con curiosidad, por ratos apartaba la vista de él y miraba el marco de la cama para disimular la sensación de estar dividida. Una parte de ella estaba ahí escuchándolo, asintiendo con la cabeza, sonriendo y soltando comentarios ocasionales. La otra divagaba en recuerdos, se esforzaba por traer de vuelta a la mujer enamorada que antes se derretía con el roce del hombre que estaba a su lado, la entristecía ver que era cada vez más difícil traer los buenos recuerdos de vuelta y que todo aquello que escuchaba su otra mitad no sumaba ni restaba nada en ella. Además de que estaba enterada de varias de las cosas que él contaba, había algo que simplemente no causaba reacción en ella, lo miraba y se sonreía pensando que hace un año hubiera montado en cólera por los celos y que ahora en cambio escuchaba cada palabra con curiosidad, completando esa parte de la historia que no sabía. Su sentimiento de ausencia dentro de ese cuarto de hotel la perturbaba, no sabía si debía e...

Se me perdió otra vez

Señoras y señores: se me perdió el celular, OTRA VEZ.  Si hay un defecto que me define es seguramente el de ser despistada, olvidadiza y muchas veces descuidada. He perdido un gran número de cosas a lo largo de mis 21 años, yo sé que todos en algún momento hemos perdido u olvidado algo pero lo mío ya parece una patología. Mi madre cansada de escuchar siempre todas las cosas que he perdido me dijo alguna vez: ¿Por qué no te pierdes tú de una vez? Aquellos que recién me conocen normalmente me dan palabras de aliento y consolación cuando son testigos de alguna pérdida, pero de aquellos que ya han compartido lo suficiente conmigo como para darse cuenta de mi problema normalmente recibo recriminaciones, sermones, mentadas de madre, etc. Muchas veces he tenido la impresión de que compro cosas exclusivamente para los asaltantes ocasionales que me tocan o para regalarlo a alguien con buena estrella para encontrar las cosas que dejo por ahí. Tengo una lista interminable de cos...

Mi Lista Feliz

Tomo una galleta "Casino" de menta, la abro, con mi lengua quito toda la crema de menta, trozo cada tapita de galleta en pequeños pedacitos que voy poniendo en mi tacita celeste y luego como pedacito por pedacito. Hago lo mismo con las otras 4 galletas del paquete, así duran más. Tengo 4 años y aún vivo en casa de mi Avita. Leo una revista o un libro echada en el sillón de la sala, mi gato está durmiendo en mi barriga y ronronea haciéndome cosquillas. Tengo 5 años. Los sillones de la abuela siempre fueron muy cómodos y mi barriga siempre fue el sitio preferido de Puski. Mamá dobla la ropa y de fondo la radio, Ritmo Romántica, ella tararea y es tan bueno verla tranquila. La Avita y mamá hacen tamales los sábados en la noche, yo me siento entre las dos e intento ayudar, sus conversaciones parecen de una sabiduría infinita. Tengo entre 4 y 5 años.  Alisto un block de hojas blancas, plumones y un lápiz. Voy al parque, me recuesto en una banca y empiezo a observar. Te enc...

De cómo llegué a una comisaría....

Salí yo del cine un día de semana y fui al paradero a tomar un carro para llegar a mi casa. Como siempre, sabes que te enfrentarás a un mal tráfico, a ir parada/colgada, a que te trate mal el cobrador, etc., pero nada me preparaba para lo que me pasaría esta vez. Llegué a la avenida y me encontré a un bus vacío para mi ruta y a su wachiturro amable cobrador llamando gente en la esquina :" Un sol cincuenta, un sol cincuenta, nos vamos directo. Un sol cincuenta, estoy avisando" El pasaje normal es de un sol veinte pero yo quería ir sentada y 30 céntimos más me pareció que no era la gran cosa. El carro pasó la esquina ya con los asientos copados y el eficiente cobrador empezó su tarea, pero oh sorpresa la primera pasajera decidió que no iba a pagarle un sol cincuenta sino solo un sol porque ella tenía su carnet de medio pasaje y nadie le quitaba sus derechos de estudiante, ahí empezó todo. El cobrador ofuscado ante la rotunda negativa amenazó con bajarla del bus y luego c...

La Avita

Ella llego dejó Cajamarca a los 11 años y se vino a Lima "por un mejor futuro". Cuando imagino a una niña de 11 años viajando sola a una ciudad que no conocía, una ciudad sin la inocencia del campo, sin papá y mamá; se me escarapela el cuerpo. Ella era un niña de 11 años diferente a la niña que yo fui, a su edad ya se había encargado del ganado y de sus hermanos, sabía levantarse temprano a ayudar en casa, había madurado en cierta manera y lo que le esperaba la haría madurar mucho más. A casi cumplir 17 años llegó su primer hijo. Las cosas iban bien, tenía una chozita donde dormir, un trabajo y una pareja que la apoyaba. Se compró su primera máquina de coser y fue feliz  cosiendo como lo sería siempre que la veo hacerlo. Después de unos años las cosas dejaron de ir bien, la persona que se suponía era su compañero se despidió de ella y sus dos hijos. Ella pensó en muchas cosas, se sintió sola, creyó que sería difícil recomenzar, pero tenía dos niños que dependían de su fuerza...

Cerrando capítulos I

Cerrar una etapa no es sencillo pero es algo que nos sobrepasa y no tenemos mas elección que despedirnos del camino que ahora ya no lleva ningún lado para tomar otro que tendrá sus propias aventuras y desventuras y que al final seguro también dejaremos para empezar otro. Es un ciclo natural cerrar capítulos para empezar a escribir uno nuevo, lo importante de los capítulos anteriores es que te dejan personajes e historias que perdurarán a través del libro o que te dejan la suficiente experiencia como para escribir cada vez mejor. Y todo esto viene de que cerré el sábado de manera simbólica una etapa más en mi vida.  Egresé de la carrera de economía en diciembre del año pasado, en medio de correr entre el trabajo y los cursos, la tesis para el bachillerato (sino medio año más y ya no daba pero ni una semana más), durmiendo poco, tragando todo lo que mi ansiedad me dictara #malditocerebrogordo y escapando de las clases para ir a comer y tomar alguito "ahora que ya se nos acaba...

Hace falta...

Hace falta ser fuego y quemar las entrañas con ira devoradora Hace falta ser agua e inundar los ojos de aquel al que se le quiebra la garganta Hace falta ser miserable sufrimiento que clava las uñas en la carne del rostro, que funda la sonrisa con ojos lastimeros, que dificulte la respiración con un nudo en la garganta. Hace falta revolcarse de aquello que logró traspasar nuestra armadura de orgullo. Revolcarse hasta sorber la última gota de sustancia tóxica y sentirse como un árbol pudriéndose por dentro por la excesiva humedad y los hongos. Hace falta ser llanto y baba y gritos y manos crispadas y rodillas flaqueando Hace falta lanzarse a la arena de los gladiadores y aceptar ser maltratado y asesinado Y al final hace falta ser ave fénix para renacer de las cenizas. Ser la nueva sonrisa de un rostro radiante y los ojos profundos de un hombre cansado pero nunca derrotado. A.M