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Sin despedidas

Ella lo observaba con curiosidad, por ratos apartaba la vista de él y miraba el marco de la cama para disimular la sensación de estar dividida. Una parte de ella estaba ahí escuchándolo, asintiendo con la cabeza, sonriendo y soltando comentarios ocasionales. La otra divagaba en recuerdos, se esforzaba por traer de vuelta a la mujer enamorada que antes se derretía con el roce del hombre que estaba a su lado, la entristecía ver que era cada vez más difícil traer los buenos recuerdos de vuelta y que todo aquello que escuchaba su otra mitad no sumaba ni restaba nada en ella.

Además de que estaba enterada de varias de las cosas que él contaba, había algo que simplemente no causaba reacción en ella, lo miraba y se sonreía pensando que hace un año hubiera montado en cólera por los celos y que ahora en cambio escuchaba cada palabra con curiosidad, completando esa parte de la historia que no sabía. Su sentimiento de ausencia dentro de ese cuarto de hotel la perturbaba, no sabía si debía estar feliz o triste con el descubrimiento de su indiferencia hacia el hombre que por años se había convertido en parte importante de su mundo. Durante todos esos años él había inspirado en ella sentimientos de todo tipo, ternura, cariño, alegría, amor, resentimiento, rabia, odio, dolor, temor, etc. pero jamás había experimentado la indiferencia hacia él.

De la indiferencia pasó a la nostalgia. Mientras lo veía cambiarse tuvo que contener las ganas de lanzarse en un último abrazo a ese torso desnudo; a pesar de todo, más que su amante ese hombre había sido su amigo y su compañero durante años y los signos del irremediable final de su historia la descorazonaban. Por ratos lo escudriñaba con la mirada para ver si él también había percibido esos signos - Algún día se nos va a acabar esta ilusión- dijo él, y ella solo asintió con la cabeza pensando que quizá él también entendía todo.



Tomó el taxi hacia su casa y se puso a observar las calles mojadas por la garúa que había caído mientras ella estaba en el hotel, cerró los ojos y dijo para si misa las palabras de despedida que hubiera querido decirle a él. Despedirse de él hubiera sido en vano ¿Cómo se despediría de algo que nunca había sido? Mejor era desaparecer lentamente, contestar cada vez menos sus mensajes de texto y sus llamadas. La rutina se encargaría del resto; ella volvería a la oficina, a las rumas de trabajo y a los amigos, él volvería a sus fines de semana con su prometida, a sus viajes de trabajo y sus salidas con colegas. Nada cambiaría, no estarían más en sus vidas pero las cosas no se alterarían, los estados en facebook seguirían iguales, no había que borrar fotos ni quemar cartas, no recibirían consuelo de sus amigos. Siete años de sus vidas parecían poder ser borrados tan fácilmente como si hubieran sido escritos sobre arena. Y eso en cierta forma era un alivio.

Sacó las llaves de su cartera y abrió la puerta de su departamento, a veces extrañaba a su familia pero adoraba la tranquilidad y el silencio de vivir de sola, se tiró sobre el sofá, alzó el teléfono y llamó a la única persona que podría entenderla en ese momento:

-¿Aló?
-Vivi, necesito hablar con alguien.
-¿Diana? ¿Qué pasó?
-Nada, que ahora sí se fue todo a la mierda.


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