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Adiós Gabo

Me enteré con retraso de que te habías ido. No tenía manera de enterarme antes, y hoy cuando alguien dijo "Se murió Garcìa Marquez" no quise creerlo. Cuando hace unos días leí que andabas mandando periodistas a trabajar y que estabas bien y de vuelta en casa, sonreí pensando que eras inmortal. Pensé que todo el revuelo era puro sensacionalizmo y que tu buen humor era la prueba de que estarías aquí para rato.

Ahora, de regreso a Lima leyendo los especiales que han preparado por tu muerte, se me humedecen los ojos y tengo que ajustar todo dentro de mi para no llorar. Para no llorar por la muerte de alguien que  a pesar de no haberme conocido, me ha regalado horas maravillosas, sin querer , su don me ha regalado momentos impresionantes. No es mi escritor preferido simplemente porque soy romántica de una manera distinta, pero cómo no reconocerle la emoción que me ha hecho sentir con cada libro suyo.

Gabo ahora estás en la lista de esos que siempre quise conocer y ya no podré ni ver de lejos en medio de una multitud. Pero me quedan tus fotos, tus libros, los libros de otros acerca de ti. Escribiendo esto sobre una foto tuya en un periódico siento que quizá sea todo inútil. Una más que se despide de ti, una más que no tendrá el eco de un especial de televisión ni los comentarios de personas famosas. Tu triunfo en todo caso va mas allá de los críticos, de los medios y otros escritores, tu triunfo está en haber dejado huella en nosotros los mortales, los que te hemos disfutado sabiendo o no de literatura. Gracias Gabo, por no haber decidido ser cualquier otra cosa a pesar de la adversidad, por las sonrisas que me has sacado y el legado que le has dejado a los latinoamericanos. Inmortal eres a través de tu obra y de los que hemos tenido la dicha de conocerla.

Hasta siempre.


Y aquí el final de uno de sus mejores libros (sin ánimos de ser spoiler)

"«Y mientras tanto qué comemos», preguntó, y agarró al coronel por el cuello de
franela. Lo sacudió con energía.
-Dime, qué comemos.
El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto
a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el
momento de responder:
-Mierda. "

Magníficos finales los suyos :)


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